jueves, 14 de julio de 2011



Entró una corriente de aire y le atacó el cuello.

Se mantuvo firme, miró hacia el frente.

No estaba mal. Luces de neón invertidas. Le brillaron los ojos.

Era martes cerca del medio día.

Se había ido a cortar el pelo con dos mil pesos que encontró tirados debajo del velador. Posiblemente los había perdido la puta de la noche anterior.

En honor a este mundo de mierda lleno de casualidades, se dijo,

en honor a los imbéciles que se cortan el pelo en sus depresiones.

Y en todo caso, de qué se quejan, tienen brazos y piernas y a nadie le falta Dios,

lo que es igual a decir que a nadie le falta un culo

o un par de tetas para salvarse,

cada cierto tiempo, la técnica es simplemente no ser demasiado quisquilloso

Así es que bajó los 5 pisos de su departamento y entró en la peluquería.

Pidió un corte común. Rebájame un poco lo que ya tengo, si, si, dijo, la misma forma pero con menos volumen.

Pero ella lo acuchilló

Y esa fue toda la historia



Me tiraron al suelo como al Luis Pinto

Me esposaron, me metieron en una furgoneta

Viva Piñera, grité, viva! También me gustaba lady gaga en ese tiempo

Pero no estaba solo y entonces ella me devolvió su primera mirada real

Y era muy tarde

Bonnie and Clyde, borrachos y felices bajo la luna

Aplastados bajo la luna

Sumergidos en ese primer intento de estar

Fuera de toda destrucción idiota inevitable

Terriblemente temerosa de lo vivo

Al final la vida me tocó for rial

En un estrépito instante de felicidad pura

Y temor a ser violado

Por esos terribles enemigos del sistema mundial

La distancia con su cuerpo al otro lado de las rejas

Mientras hanibal lecter se meneaba en su celda

Y viene con la polola, me dijo el paco

Y viene con la caña, me dijo el mismo paco

Y vengo feliz de la vida, pensé yo

Y a la hora que mi cerebro se traspapela

Y dice lo que agradablemente pensaba

Entonces es posible violación del mismo paco

Porque a los pacos les gusta el hueveo

A falta de huevos, fe o intelecto

Les gusta el hueveo

Y lo llevan como insignia, como tatuaje, como mecanismo de defensa

Amarrado a las gónadas-neuronas que no tienen

Y entonces, mientras me robaban

Los mismos pacos

Las 5 lucas que quedaban flotando

En el fondo de mi walat

Como el hielo en la piscola

Me acordé de los pistoleros forajidos del oeste

Y Bonnie que no aparece y no aparece y no aparece

Y dónde cresta la metieron

En que parte de esta nube

Los pacos delincuentes violadores

Dónde cresta metieron a mi Bonnie, estos cuerpos sin cerebro

Que pululan por las calles de MI puerto

Y que invitan a su casa a patadas en el culo

Donde mierda la metieron

Estará sobre sus piernas caminando en el pasillo?

Dentro de otra celda, estará encontrando todo esto aventura?

El fin de la historia en cuestión me perseguía

No quiero escribir un drama, pensé

Pero con estos conchesumadres nunca se sabe

Y al final sin cordones, porque, claro, potencial suicida, delincuente avezado

Sin calcetines, porque, lógico, lanero experto en fabricar sogas como un mago

Menos 5 mil pesos en efectivo, en la billetera francesa

Que mi hermana mandó desde París

Me lanzan en picada hacia el destino de Bonnie

Y entonces mientras el abogado nos indica el camino a seguir

En estos casos TAAAAN extraños como el sol

Yo le tomo las manos a ella

Y ella las mías esposadas

Y está más luminosa que una foto

Y está más sonriente que una hiena

Abriendo sus dientes sin par

Hacia afuera, siempre hacia afuera

Ya vamos a salir de aquí, le digo

Y alguna vez nos vengaremos, le digo

Y esa vez, frente a la escena del crimen,

Leeremos las plegarias incendiarias de ser dos jóvenes

Libres aún en el Chile que no queremos.


Fui hasta la pieza

Tenía puesto un solo calcetín

Eran las 3 y el hombre decía cosas tales como: supere sus crisis nerviosas

en base a té de melisa, o algo por el estilo,

Las depresiones pasarán pasarán

Y es sabido que el sol del oriente es distinto al chileno

Que los niños del oriente no fuman pasta en la esquina

No saben esquiar

Ni mirar a un lado distinto de los ojos

Sus pupilas-sus bellísimas pupilas brillan en la noche como gatos

En la selva brillan como gatos

Panteras escondidas atentas, al acecho, convencidas, decididas

De tomar al toro por las astas

El tiempo es dinero y es muerte

Los pacos andan en Chile a caballo

Tiran sus caballos encima de otros animales que caminan

Y la gorda se estrella, le pasó por imbécil

Irse a meter a las patas del caballo

La muy imbécil

Cuando hace frío

No haberse ido a fondear a la casa

Los marcianos llegarán

Los marcianos no llegarán

Y por mientras qué hacemos

Dónde vamos

Qué comemos

A partir de que fatídica broma, accidente gracioso, soliloquio suicida, nos reímos

A partir de qué víctimas hacemos la torre de neumáticos

Y si va bien

Quién le prende fuego a la fogata

Con qué objeto-fósforo-y-calidad de detenido

¿Cómo?

miércoles, 27 de abril de 2011

Sólo tenía claro dos cosas. Tenía 29 años y estaba escribiendo cada vez peor. El mundo, ese cubículo odioso donde fuimos expulsados desde nuestras respectivas vaginas maternales, se estaba poniendo, ahora sí, decididamente feo. ¿De qué podía escribir a los 29 años? se dijo. Era imposible. Cada cosa que leía en su archivo le sonaba adolescente. Aún así lo intentó. Se limpió la boca, se rascó los ojos. Luego los abrió. La luz que entraba por la ventana entreabierta no era suficiente, entonces tanteó el terreno con los pies. Llegó hasta la puerta y pasó al living. Deben ser las dos de la tarde, pensó, pero no se molestó en revisar su reloj. Ese día no tenía que trabajar y eso era algo bueno. Se sentó y escribió: -quiero escribir / no puedo escribir / de qué voy a escribir a los 29 años. No se puede. Es el fin. Es el fin del algo - es el comienzo de la muerte. No se puede escribir a los 29 años. Y si lo hago ¿Con qué objeto? ¿Para precipitarme mejor? ¿Para dejar evidencia? ¿Para jugar al investigador privado conmigo mismo? La boca de V se puso marchita, yo lo supe, lo vi pasar río abajo, la pendiente inclinada, lo suficientemente (inclinada para ser) mortal-. Alejó los ojos de la pantalla. Le dolían. No le gustó lo que leyó. Demasiado lastimero y había cosas realmente terribles que pasaban en el mundo. Mientras él se quejaba por cumplir años, había una mujer que posiblemente no podría cumplir más. Ella pensaba en la muerte, en los años que no cumpliría. Dos tipos le sujetaban los brazos y las piernas, mientras un tercero le rebanaba el clítoris con una lata oxidada. Asuntos de estado, supuso A desde la comodidad de su casa. Y yo en esto, pensó. Qué mal. Qué idiota. Decidió concentrarse en sí mismo sin resultar demasiado indolente ni lagrimoso. Miró a su alrededor. Estaba solo por imbécil. Fue al baño y se lanzó agua en la cara. Vio caer las gotas en cámara lenta hacia el lavamanos. Es como una escena de película, pensó. Le causó gracia pensar en un drama. Volvió a la mesa, se sentó e intentó de nuevo. Sería lo último: -Condenado a la soledad, soy un bicho raro que se encoge sobre sus patas traseras y se muerde la cola y se come la cola y sigue con intestinos y demases río adentro. La tarde caía templada, el sol caía templado, vaya a saber uno que significa que algo se temple, templaba Pedro Juan Gutiérrez bajo la luz de la luna habanera, pero ese es otro cuento. Yo estaba sentado frente a la ventana mirando el puerto, los ojos puestos en punto alguno, tras de mí algo sonaba y era probable que fuera mi propio dolor de oídos-.

miércoles, 13 de abril de 2011

Le pidió perdón por sus crisis suicidas, colgó el teléfono y se quedó dormido. Era una estupidez. No lo haría, no tenía las agallas. Por lo demás había demasiados discos por escuchar, demasiadas buenas películas por ver, algunos buenos poemas, un par de cuentos sobre el velador, posibles mujeres que serían folladas sin amor, o con. Lo de los discos lo dificultaba todo. Había muchos discos viejos que aún no había escuchado y había muchos buenos discos que saldrían en el futuro. Todavía no había visto todas las películas de Kubrick y tenía en un cajón un vinilo de Nick Drake, casi nuevo, pero no tenía toca vinilos y mientras no consiguiera uno, la idea del suicidio seguía siendo una idiotez redundante, patética y triste. Pero independientemente de todos los discos, los libros, las películas y las mujeres, lo que hacía falta eran las agallas, la decisión, en verdad lo que hacía falta era una dosis precaria de seriedad, dejar de dar jugo, dejar de hablar y empezar a hacer de una puta vez ese último acto. Pero él hablaba, se dejaba ir, mentía. Luego todo parecía un mal chiste. Alguien se rió esa noche. Él recordó las frases de esa especie de escritor fantasma: *****. En alguna parte lo había leído: intentos de salir disparado por la ventana, intentos de salir disparado del propio cuerpo, salir por las uñas, por el pelo, abandonarse, salir del envoltorio, reventarse hacia afuera a través de las córneas. No era un buen consejo, pero recordó y recordó; unió pedazos de vida, libros leídos y se fue poniendo profundamente nostálgico con el correr de las horas. Despertó con sed y con la vejiga a punto de reventar. Se paró, fue al baño, se mojó la cara y se miró al espejo. Ese soy yo, pensó, y no le gustó devolverse a sí mismo esa mirada. Su teléfono volvió a sonar. Un amigo lo invitaba a ver un documental sobre el Shock, ese invento terrible en el que todos estábamos sumergidos como idiotas. Ok, dijo, voy bajando, no tengo nada que hacer, tengo que trabajar mañana recogiendo la basura de las casas vecinas, dijo, estudié 5 años para recoger la basura de las casas vecinas, dijo. Abrió la puerta y tuvo frente a sus ojos una panorámica bastante romántica de Valparaíso, pero su vida no era lo suficientemente romántica, por momentos se ponía incluso surrealista o algo por el estilo. Bajó. El viento helado de la bahía le rebotó en la cara como una patada mortal. Cuando llegó, pusieron agua en la cocina y se sentaron frente a la pantalla. Éramos como hormigas, cada día se daba más cuenta de eso. No seríamos sujetos históricos, eso significaba la muerte, y nosotros no queríamos morir, queríamos aferrarnos a la vida, a cada mínima posibilidad de estar vivos, respirando bajo el sol, o con el viento helado pegando en la cara, había muchos discos por escuchar, él lo sabía, un par de buenas películas, se animó. Fue a la cocina y preparó dos tazas de té. Volvió y pegó sus ojos en la pantalla: caían bombas en Bagdad, una niña comía basura en la franja de Gaza, dos tipos metían en un auto a un viejo y la imagen sepia se iba a negro mientras lo molían a palos. El agua estaba muy caliente y se quejó por eso.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Un hombre busca trabajo. Se afeita, intenta vestirse bien, toca una puerta y entonces empieza a luchar consigo mismo, con su dislexia, con sus temblores, sus desconcentraciones habituales. Mira a la directora y piensa en unas piernas largas que se convierten en otra cosa, piensa en una pelota que gira, en unos ojos rojos, la directora pregunta, él asiente, no sabe con certeza de que se trató aquella pregunta, pero asiente, si, dice, si, es un acto mecánico, un lanzallamas eternamente activado hace la vida imperceptiblemente más fácil, si si si, dice, y entonces sale de la habitación, está salvado, el sol está alto, la reunión a durado un buen tiempo. En el despacho, frente a la secretaria, otro aspirante se anota en una hoja larguísima plagada de nombres; tras dos horas de intensa conversación, abandona el lugar campante, en sus pasos se adivina otra cosa, una actitud ganadora, es posible que pase a tomar un café en el almacén de la esquina y luego disque *** en un teléfono público para confirmar la hora de una próxima entrevista con el diablo o con la vida, es decir, con una continuación permanente hacia un punto inexacto. A pesar de su sonrisa piensa en la muerte, en el frio de otoño que baja hacia Viña intuye alguna conexión con la muerte, es un hombre sensible, es un poeta, entonces piensa en la muerte con calculada seguridad. Cuelga el teléfono, el camino está despejado: va. Su pasos campantes lo llevan por ahí: es una hormiga que cruza y cruza avenidas, seguro de sí mismo, protagonista incalculable de su propia filmografía, eso es bueno, dice, eso es muy bueno, se consuela, si los satélites no me ven, si la historia me desprecia.

lunes, 28 de marzo de 2011

Two silly apparitions

I’ve run into ***** two times in my life and both times he professed my destiny. The first time, in a city at the edge of a dirty river, he told me: you will be lonely. I didn’t know, at some point, what we was referring at. Loneliness have too many edges, each one more uncertain than the other. Years later, I don’t remember if it was Vietnam or my neighbourhood, I was done with all my enemies. I slipped trough the morasses, crossed some fences and made it through it. I was alone in the world or, at least, at that peace of it. The words of ***** suddenly made sense. It wasn’t Jesus, or Buda, or that stigma kid or messiah kid from the Wilde’s story. It didn’t give recipes or parabolas. It didn’t either provoked any incredible things to put order in pointless lives. It just accused and notified, but this warning wasn’t even a warning. Once it published its appearances in the yellow pages. I read it myself. At page 666 its banner in heavy black letters promised amazing revelations. A boring life could then be cut by the vertigo’s knife. It guessed, but of Jesus, in a strict way, it just had the hippie look, the beard and the long hair. Of kindness nothing. It was an outsider. Some jerk or some genius. As I said, he crossed two times with my life. The second time I was very drunk, lost in the streets of some South American capital. I rambled without having a direction. In an alley, between the trashcans, I felt a voice. I couldn’t see its beard, or its large hair like Jesus Christ, or either his junkie pale face. The voice said to me ***** *** *******. Yesterday afternoon I was remembering this mysterious appearances, sitting in the hepatologist’s chair. He was looking at the phone guide. With a remarkable hyperkinesis, he flicked through the pages full of banners. I started thinking about that banner and ***** and its two silly apparitions. They hadn’t solved anything, I thougt. Then I got prescribed with some meds and went out to the street. At Uruguay with Independencia street I ate a hotdog. I think I put mustard on it, though I’m not sure.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Le chupó una teta, luego la otra y se volteó. Hace tiempo que no conseguía una erección decente. Tenía una angustia constante que aparecía en el pecho, descendía por el tórax y se iba extendiendo por todo el cuerpo. La cesantía lo tenía enfermo. Ella lo abrazó por detrás, le masajeó los testículos un rato, pero no pasó nada y al final se durmieron.

Quizás pasara por esa típica crisis existencial por la cual no quería follar, ni hablar, ni demorarse mucho en entender al otro. Le pasaba una vez al año, cesante o no. Por la tarde había visto un documental sobre Walter Rauff, un criminal de guerra nazi que había muerto tranquilamente en Las Condes, gracias a su compinche Augusto Pinochet. Una historia ridícula de esas que sólo pasan en Chile, un país fundado en las traiciones y las mentiras, una nación que descansaba sobre bases infames y que, viendo la historia reciente, terminaba de construirse de la misma manera. Su cabeza respondió. Esa noche sus sueños oscilaron entre orgías infernales y campos de concentración. Despertó agitado, sudando. Ella ya no estaba, había salido el sol, era verano. Seguramente más tarde haría un calor de mierda. El no quería pensar ni en el sol, ni en la vida, ni en los años que inevitablemente quedaban por delante. Tomó un libro de John Fante que nunca había terminado de leer. Hojeó un par de páginas. No se entusiasmó y entonces se acostó de nuevo, cerró forzosamente los ojos e intentó dormir, pero no pudo. Eran las 12 del día.

martes, 1 de marzo de 2011

SEPTIEMBRE 15

No contento con las malas vibras, insatisfecho de ultrajes y memorias que no recuerdan nada, volví a la casa. Las putas se habían ido y la mesa estaba puesta. En septiembre 15 pocas cosas pasaron. Se resumen a continuación:

1) se extiende el plazo del vacío, se cambian las fechas por una urgencia terrible. La del sexo.

2) se vacían los plazos extendidos, se fechan los cambios por una sexualidad terrible. La de la urgencia.

3) Septiembre 15 y el daño físico. Todavía recuerdo caminar como un tuerto bajo el sol de septiembre. Ahora me toca, ahora sí, repetía-me hacia dentro, acumulaba-me hacia dentro, la misma sangre coagulada en el ojo. Ahora dentro.

-La vida se puso cuesta arriba Y yo iba cuesta abajo Desde mis túneles internos cuesta abajo Miré a la vida cuesta arriba Tan arriba, al final de sus ángulos más terribles Miré hacia arriba la vida en su cuesta inalcanzable Y ella me guiñó un ojo Como guiñan los ojos las vidas a sus pasajeros de vida Y me dijo POR FAVOR NO SUBAS-

martes, 1 de febrero de 2011

a) A veces un hombre deja a la literatura, pero generalmente ocurre al revés. Es la literatura la que lo deja a uno, y entonces empieza un camino largo y pedregoso hacia el pasado, un doloroso flashback, tras el cual no queda otra que sentirse profundamente estúpido. ***** sabía que para escribir de forma compulsiva y hacerlo bien era necesario vivir, vivir a destajo, como Mario Santiago, el mexicano misterioso, había dicho: sin timón y en el delirio. Pero ***** había tenido una vida tranquila, pasando demasiado tiempo sentado en su escritorio mirando por la ventana el ir y venir de los autos. b) Yo tenía la soga al cuello

Era una soga hecha de algodón e hilo

Cada vez me apretaba más la soga

Acudía a mí como un perro jadeando frente al muro

Día y noche la soga venía

Y me acusaba, apuntaba con el dedo:

Mis desvaríos, la tarde cayendo impune sobre Santiago

Así no se escribe, contaba,

Ni menos se vive,

Pedazo de mierda, decolorado y muerto,

Tajeado en la mitad, partido como un labio partido

Es decir que seco y amargo bajo el sol de enero

Y otra tarde que cae impune sobre Santiago

Y otra noche que llega sin aviso

Los hombres habían venido al mundo para algo

Alguien los había invitado: mejorar el espectro de la vida en la Tierra

Los ovnis le habían dicho a los egipcios

Los egipcios habían transmitido el mensaje de los ovnis a los romanos

Y los romanos,

Cansados de tirar canutos a los leones,

Habían transmitido el mensaje en silencio

Sangre tras sangre

Ojo tras ojo

León tras león

c) (Lloró con Awakenings en la mañana y se sintió estúpido. Tenía 28 años y estaba en cama. Durante una semana o más tendría que estar en reposo. La película la encontró a las 9 de la mañana en el cable. Si, hollywoodense, algo melodramática quizás, pero bien. Robert de Niro terminó quedándose inmóvil y solo por el resto de sus días, frente al ventanal, producto de una catatonia o algo por el estilo. Pero tenía ganas de vivir, demasiadas ganas de vivir: cuando pudo moverse le explicó a Robin Williams el sentido tácito de estar vivo bajo el sol, parado sobre una calle o una duna o algo. Apagó el televisor y fue al baño. Se vio la herida. Un parche banco sobresalía bajo el ombligo, sintió el olor a la sangre, tuvo náuseas, volvió a acostarse y se durmió)


jueves, 9 de diciembre de 2010

Me he encontrado dos veces con ***** en la vida y las dos veces él ha adivinado mi destino. La primera vez, en una ciudad a orillas de un río inmundo, me dijo: te quedarás solo. No supe, a ciencia cierta, a que se refería. La soledad tiene demasiadas aristas, cada una más ambigua que la otra. Años más tarde, no recuerdo si era Vietnam o mi barrio, había acabado con todos mis enemigos. Me escabullí entre los pantanos, crucé algunas cercas y logré salir ileso. Estaba solo en el mundo o, al menos, en ese pedazo del mundo. Las palabras de ***** de pronto tomaron sentido. No era Jesús, ni el Buda, ni aquel niño estigma o niño Mesías del cuento de Wilde. No daba recetas ni dictaba parábolas. Tampoco provocaba sucesos increíbles para enrielar vidas ociosas. Tan sólo acusaba y avisaba, pero ese aviso ni siquiera alcanzaba para advertencia. Una vez publicó sus apariciones en las páginas amarillas. Yo mismo lo leí. En la página 666 su anuncio en marcadas letras negras prometía revelaciones asombrosas. Una vida aburrida podría entonces cortarse con el cuchillo del vértigo. Adivinaba, pero de Jesús, en sentido estricto, sólo poseía su aspecto hippie, la barba y el pelo largo. De bondad nada. Era un outsider. Algo imbécil o algo genio. Como dije, se cruzó dos veces con mi vida. La segunda vez yo estaba bastante borracho, perdido entre las calles de alguna capital sudamericana. Deambulaba sin tener una dirección concreta. En un callejón sin salida, entre los container de basura, sentí una voz. No pude ver su barba, ni su pelo largo como Cristo, así como tampoco su yonki y pálido rostro. La voz me dijo: ***** *** *******. Ayer por la tarde recordaba estas apariciones misteriosas, sentado en la camilla frente a mi hepatólogo. Él revisaba la guía telefónica. Con una hiperkinesis a la vista, ojeaba y ojeaba esas páginas plagadas de avisos. Yo pensaba en el aviso aquel y en ***** y en sus dos tontas apariciones. No han solucionado nada, pensé. Luego me dieron algunos medicamentos y salí a la calle. En Uruguay con Independencia me comí un completo. Creo que le puse mostaza, aunque no estoy seguro.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Empezó con la tragedia. Es decir el mismo día en que un bus se estrelló con un camión camino a Santiago. 20 muertos. Horrible. Yo había comprado el diario, iba leyendo, filosofando de manera bastante barata acerca la muerte. La muerte no me había siquiera rozado en la vida, salvo por un par de funerales más o menos obvios. Los abuelos se mueren, es la ley de la vida. Los padres se mueren, es lógico enterrarlos. Yo iba bajando un cerro de Valparaíso, pensando en la muerte, como un imbécil, porque la muerte me era ajena en su máxima expresión, que es la expresión de la cara de un niño cortada por el vidrio de un bus, una guagua degollada, o un par de maras jugando fútbol con una cabeza. Cuando era chico había visto morir a mi perro bajo las ruedas de un camión, ese era mi nexo con la muerte, es decir que yo realmente era un imbécil que bajaba una colina, mirando el horizonte, divagando, haciendo muecas, poniéndome unos lentes de sol, leyendo un diario, mientras el verano aparecía en los cielos de Chile, en fin.

miércoles, 26 de agosto de 2009

(track 2) Me emociono al ver una teta amamantando una guagua y detrás de la teta una mujer con sentimientos y preocupaciones formales y dentro de ella el constante flujo-líquido-rojo a todo caudal por aquellos ríos llamados venitas o venas, parecidos a estas calles, en Santiago de Chile a 4 de agosto de 2009. Anoche llovió y se despejó un poco el cielo. Todo el smog de Santiago a tomar por culo, diría mi amigo español sentado a los pies de una estatua o en la puerta de su departamento en Murcia, los pies juntos y el humo saliendo por la boca. La micro me deja en la esquina y una vez dentro miro el ritual de mi abuelo, frente al closet cortando pedacitos de confort. A las 5 pasó el camión de la basura y a las 6, yo y José Ojeda, el padre de mi madre, jugábamos carioca, uno frente al otro y luego escoba y 26. Perdí. Luego gané. Luego volví a perder. En la tele hay una pobre negra hermafrodita o transexual, nadie lo sabe con certeza. El comité Olímpico internacional intentará sacarle los calzones. Por mientras la negra sigue corriendo y sacando metros y metros de ventaja. Entonces vuelvo al mantel y a las cartas. 23 a 5 en la escoba. Una vergüenza, pero no soy Jesse Owens corriendo en Berlín, entonces pienso otra vez en el sexo de la pobre negra mientras la tarde pasa plácidamente por mis orejas.

jueves, 30 de julio de 2009


(track número 41) La vida es una película de terror. Cuesta entenderlo pero finalmente es así. La vida común sobre todo, la del mortal corriente. Horrible. Dolores de guata que van y vienen. El viernes por la noche Eduardo Font escuchaba El karma de vivir al sur. En los 80, justo cuando Charly sacaba Parte de la religión, Eduardo tenía una novia. Su nombre, ese nombre que muchos quisieron olvidar, era, digamos, 99. 99 y Eduardo se habían conocido en ese verano infernal del 86, en Cartagena. Algunos dicen que fue en El Quisco y que luego se fueron juntos a Cartagena. La cosa es que desde 1986 a 1989 Eduardo y 99 vivieron un bello romance. Cartas iban, cartas venían. Y eso que estaban juntos, uno al lado del otro. Para ser fieles a la verdad habría que decir que los dos primeros años fueron perfectos y que el tercero fue un bodrio. Gritos y peleas, borracheras, celos, desamor. Eduardo se cortó la cara. 99 le intentó sacar los ojos.
Las relaciones amorosas son una pérdida tiempo, un círculo vicioso, una verdadera trampa mortal. Una cagada al vacío, hubiera dicho mi amigo negro Díaz, de haber estado vivo en este tiempo. Yo tenía una novia o algo por estilo. Ese era el primero de mis males. El segundo era que creía en la poesía y, peor aún, en la posibilidad de escribirla. Entonces iba por la vida con mis cuadernos bajo el brazo. A veces fotocopiaba estos cuadernos y fabricaba unos pequeños libritos que después repartía entre mis amigos. Las críticas que recibía eran buenas. Excelentes. Yo escuchaba las críticas y luego iba a mi casa y me encerraba en el baño con la luz apagada*. Entonces me decía: son mis amigos. Mierda. Soy un imbécil con un cuaderno bajo el brazo. Y así. Supe después que ambas cosas, poesía y novia, iban ligadas. No eran la una sin la otra. Yo me sentía enamorado y entonces escribía poemas de amor. Era una reacción lógica. Una especie de reflejo condicionado. Una pequeña pelea era un poema. Un solo celo estúpido también. Un asco. Estuve un año dentro del círculo. Luego cuando nuevamente llegó el verano, ella cortó con todo. Nos despertamos en enero con un calor insoportable. Miré por la ventana. El sol calentaba los vidrios. Cuando vi que ella estaba al lado mío la miré fijamente. Ella me contestó la mirada y se quedó inmóvil. Estuvimos así casi un minuto. Entonces habló.
Yo no dije nada. Me quedé callado mientras ella ordenaba sus cosas y metía todo en un gran bolso amarillo.
Tenís que ponerte bloqueador, le dije cuando estuvo en la puerta. Fue la última cosa que le dije. El capitalismo, el mundo moderno o lo que fuera, nos había enseñado curiosas formas para despedirnos.
Es la poesía. Un montón de tipos jugando a ser geniales. Un montón de tipos hablando de lo geniales que son. Algunos llevan barbas y corbatas. Los más ridículos han optados por las boinas. No tienen vergüenza y entonces van y se sientan frente a un grupo de borrachos y leen sus horribles poemas. Definitivamente no hay cura para los poetas o para los que dicen que lo son. Yo he conocido algunos. Para ser honesto no siempre he sabido distinguir entre quien lo es realmente y quien sólo dice que lo es*. De todos modos es una disputa con poco sentido. En algunos casos nunca lo sabremos. Pero lo cierto es que van por ahí perdiéndose por calles y bares y a veces los encuentro y los reconozco. Ah, pienso, el de los poemas eróticos. Ah, el de las palabras que no eran palabras. Y así. La última vez yo estaba sentado en un bar con mi amigo Renato cuando empezó. Un profesor del instituto donde estudiábamos (mal) se sentó frente a nosotros y unas 20 personas más. Había una especie de pequeña tarima y sobre ella el poeta*. Leyó. Pero no estaba solo. Tres mujeres de unos 20 o 22 años se pararon tras él envueltas en unas ridículas túnicas. Por un momento pensé en Grecia, la antigua, pero estaba tan lejana. Pensé en Roma, en los fenicios, en los apóstoles y el cristo, en una gastada pintura de Rembrandt. Nada cobró sentido. Frente a mi, poco a poco, las tres mujeres dejaron caer parte de las telas. Las tetas asomaron, es obvio. No tenían por qué, pero asomaron. El poeta leía y leía. Algo acerca de unos cuerpos y unas calles sombrías, unas bocas y unos dientes. De tetas nada, pero en fin, tras el poeta si que había tetas. No había ningún tipo de conexión, pero ahí estaban. Cosas de poetas, me dije y seguí tomando mi piscola. Renato terminó borracho debajo de una mesa y yo me fui caminando hasta mi casa. Hacía frío y el cielo estaba sin estrellas y bajo él yo pensaba en las tetas que había visto hace un rato. No recordaba los poemas, pero las tetas sí. Era algo estúpido. Crucé Vianna y empecé a subir por Agua santa. Era un camino largo, una subida maldita. En el camino me comí un completo. Cuando tomo sin emborracharme siempre me como un completo. Cuando me emborracho, extrañamente, no lo hago y si lo hago después no me acuerdo.

SAKI

De la vida de Saki, en estricto rigor, se algunas cosas importantes y muchas otras sin sentido. Para empezar Saki es el seudónimo literario de Hector Hugh Munro, un hombre solitario y asiduo a la lectura que un día decide ser escritor. Esta decisión, obviamente, no es fácil. Para nadie resultaría fácil tomarla, tomando en cuenta que su indirecta consecuencia puede llegar a ser la pobreza o el suicidio. O, incluso algo peor. Nacido en Birmania en 1870, se crió en Devon, una aburrida ciudad inglesa, donde pasó muchas penurias y una que otra tonta alegría propia de la infancia. Más tarde, esto es, varios años más tarde, ingresa a estudiar Literatura en una universidad londinense, cuyo nombre no logro recordar. Allí Saki comienza a desarrollar sus primeras armas en el mundo de las letras. Participa en concursos de poesía que organiza la universidad y generalmente pierde o, lo que es peor, sale segundo. Su estilo, supone él mismo, es demasiado crudo para los criterios del jurado. Sin embargo, Saki no se da por vencido y sigue participando. Y, claro, sigue saliendo segundo. Con la frecuencia de sus participaciones descubre que en un 90 por ciento de los casos el ganador es un hombre algo mayor, de apellido Ferloski, que claramente no es un estudiante. Esto indigna a Saki. Ferloski usa barba y anteojos y algunas canas se asoman en su pelo. Saki, que por entonces tiene 21 años, comienza a espiar a su oponente, siguiendo cada paso que da por el campus universitario. De esta horrible obsesión nace su primera novela. Ese hijo de puta de Ferloski es el primer titulo del borrador. Luego lo cambia a El hijo de Ferloski. Con este manuscrito bajo el brazo Saki participa en un concurso de Novelas. Esta vez el jurado está compuesto por gente mucho más inteligente (Saki escribirá después) que en unanimidad le otorga el primer premio. La buena suerte de Saki, va más allá de un simple premio en un concurso de Novelas. La editorial de su universidad le ofrece la publicación del trabajo. A partir de entonces, la vida literaria de Saki comienza a tomar un buen rumbo, no así la otra vida que los escritores, a veces, también tienen. En 1893 Saki es acuchillado a la salida de su facultad. El atacante huye sin que nadie logre reconocerlo después. Tras el ataque Saki debe permanecer internado por cuatro meses en el Hospital nacional de Londres. Durante su estadía se enamora, o cree que se enamora, de una de las enfermeras. Su nombre es Bárbara Boyd. En Junio de ese año, con Saki dado de alta, comienzan una tormentosa relación. La pareja dura odiándose y discutiendo alrededor de 4 años. Cuando todo acaba definitivamente, Bárbara decide cruzar el atlántico. Su barco, Saki se entera después, sufre algunos desperfectos en el motor y se hunde en medio del océano. Con la noticia el escritor entra en crisis. De esos oscuros años poco o nada se sabe. Se dice que se sumerge en el alcohol, que se interna en una clínica siquiátrica, que escribe muchos cuentos pero luego los quema en un arrebato de locura. También se cree que en esos oscuros años publica, de manera independiente, un libro menor de relatos. Entre aquellos cuentos estarían La noche de los relojes, Vida y muerte de Bárbara Boyd, Los fabuladores, El muerto en la bañera. Nada más, además de los rumores. Lo que si se conoce con certeza es que su mala suerte no acaba. Tras esa nube que oscurece esos años de su vida, su figura vuelve a aparecer. En 1913 escribe un artículo para el diario The Sun. Su temática no es conocida, pero hay quienes piensan que fue un gran artículo. Al año siguiente estalla la primera guerra mundial y su rastro de pierde, hasta que en 1916 un francotirador le vuela los sesos y Saki vuelve a aparecer frente a nosotros.
Esto es así: a comienzos de 2008 Antonio Duarte comienza a despedirse de la gente. Entonces se dedica a escribir. Escribe cosas que él, en secreto, admite que son poemas. Sin embargo, para que su imagen sea todavía más intensa, miente cuando escribe: estas estupideces no son poemas, son estupideces, anota y luego de anotarlas las guarda en un lugar específico, para que luego alguien, alguien también específico las encuentre. Duarte piensa en sus abuelos y se despide. Piensa en su madre y se despide. En enero escribe unas treinta páginas y las guarda en el disco duro de su notebook. Sabe que alguien intruseará en su notebook y descubrirá sus poemas-cartas-despedidas. Entonces es febrero y la decisión está tomada.
Toma un papel y titula: NOTA DE SUICIDIO
Y luego, más abajo:

la vida y la muerte funcionan así
como Otto y Ana en la película
Muñoz, Salvatierra, Ernesto
Chileno
Rut 7 millones y tanto
Alegoría al cuadrado
Y una vida
(otra)
Que se cruza
Y toca la mía
No me interesa, le dijeron
Pero Ernesto clavó su espina

No era el fin
y tampoco era otra cosa